María Luján Reggi: Fracasar como acto de resistencia | Psicología Al Sur

En esta charla de la segunda edición de Psicología Al Sur, María Luján Reggi —psicóloga, docente, actriz, clown e investigadora en neurociencia aplicada— propone una experiencia performática que desafía de lleno la cultura del éxito, el control y el rendimiento constante.

En un mundo que exige eficiencia, productividad y bienestar permanente, fracasar aparece aquí como un acto de resistencia y una forma de volver al cuerpo, a la sensibilidad y al alma.

A través de un recorrido que entrelaza neurociencia, mindfulness, Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) y clown, Luján Reggi transforma el error en lenguaje expresivo, el cuerpo en refugio y la vulnerabilidad en potencia. Desde su experiencia en el escenario, el consultorio y la vida, la charla defiende una idea radical y necesaria: la salud mental no es encajar, rendir ni estar siempre en calma, sino poder vivirse sin vergüenza.

Una invitación a soltar mandatos, a fracasar con sentido y a habitar la existencia con una ternura indisciplinada.

Psicología Al Sur —organizado por NeuroClass— es el primer festival de psicología del Río de la Plata, donde reunimos voces que interpelan, cuestionan y amplían nuestra forma de entender lo humano.

“Fracasar como acto de resistencia”: Luján Reggi volvió al Konex con ciencia, clown y ternura política

Por Ayelen Perez

20/10/2025

Por segundo año consecutivo, la psicóloga, actriz y clown María Luján Reggi participó del Festival Psicología al Sur (11 y 12 de octubre, Konex).

En la edición anterior presentó Psiclownlogía®, una experiencia de psicoeducación teatralizada sobre emociones, que combinó humor, psicología y escena. Este año regresó con la charla performática “Fracasar como acto de resistencia – Psicología, Clown y Neurociencia para hackear la cultura del éxito”, donde cuestiona la manera en que la salud mental suele reducirse a slogans de autoayuda o fórmulas de productividad.

Además, su trabajo sobre Neuroclown® fue seleccionado para el V Congreso Provincial de Psicología, en el eje comunitario, a 40 años de la Ley de Ejercicio Profesional. Allí presentó la experiencia desarrollada en Pehuajó, un laboratorio vivo que une teatro, neurociencia y psicología contextual con impacto cultural y comunitario.

Como investigadora, Luján está desarrollando su tesis doctoral en Psicología con orientación en Neurociencia Cognitiva Aplicada, donde estudia los beneficios del entrenamiento clown. Su trabajo parte de una pregunta clave: ¿pueden estas prácticas impactar en la regulación emocional, la flexibilidad cognitiva y la percepción del yo?

—Volviste al Konex por segundo año. ¿Qué significó este regreso?

Fue regreso muy especial porque esta vez presenté mi recorrido de integración entre mundos que parecen tan opuestos: el clown, una técnica teatral que muchas veces se considera “menor” o no tan importante como el “teatro serio”, y la psicología basada en la evidencia científica, que es lo más riguroso dentro del campo psi. Será por mi rechazo a las etiquetas que me gustan estos líos. Pero ahí es donde encuentro lo valioso: en mostrar que lo sensible y lo vulnerable pueden dialogar con lo académico y lo científico.

—El título suena provocador: “Fracasar como acto de resistencia”. ¿Cuál fue la propuesta?

Fue poner en palabras algo que vemos todos los días: cómo los discursos de salud mental se volvieron mandatos de éxito. Nos dicen que hay que ser resilientes, positivos, agradecidos… como si la salud mental fuera ajustarse a un estándar inhumano.

Mi propuesta es mostrar que el dolor, la torpeza o la fragilidad no son fallas, son parte constitutiva de la vida y que podemos entrenar la forma de habitarlas sin vergüenza. Porque, si analizamos francamente todo lo que nos dice la ciencia acerca de cómo construir salud mental, se parece mucho más a aprender a perder que a ganar. Eso no vende, pero es mucho más accesible y liberador.

—¿Qué lugar ocupa el clown en ese planteo?

El clown, en su raíz teatral, es una técnica que nos invita a recuperar la capacidad de jugar, de mostrarnos vulnerables, abrazar nuestras emociones y de reírnos de lo que normalmente ocultamos. No es un entretenimiento superficial, es un arte radical porque celebra lo que la sociedad desprecia. Al llevarlo al diálogo con la psicología basada en la evidencia descubrí que el clown no era solo un recurso artístico: lo que en un paper aparece como estadística, en un entrenamiento clownesco se vuelve cuerpo temblando, mirada compartida, risa colectiva. Entonces, nació Neuroclown®: un puente entre arte, filosofía y ciencia. No es clown escénico ni terapia tradicional, sino un laboratorio vivo donde entrenamos a estar presentes en el error, a convivir con la incertidumbre y a descubrir que en esa torpeza compartida se esconde una potencia transformadora. El clown teatral busca el espectáculo; en Neuroclown® buscamos transformar la manera en que habitamos el mundo.

—También estuviste en el Congreso Provincial de Psicología. ¿Qué presentaste allí?

Lo que venimos desarrollando en Pehuajó, no solo en la sala de ensayo, sino también en diálogo constante con la comunidad. En este tiempo hemos llevado adelante salidas comunitarias, intervenciones en escuelas, instituciones y espacios públicos, y producciones escénicas que trabajan directamente con temáticas de salud mental: la ansiedad, el miedo, la invalidación emocional, los mandatos de éxito, los estereotipos de género. No como un discurso académico aislado, sino como una forma de sembrar pensamiento crítico a través del humor y la ternura.

—¿Todo eso pasa en Pehuajó?

¡Sí! Pienso, Juego, Existo® es la primera escuela neurolaboratorio payaso del mundo, que funciona hace ya seis años. Para mí, ese es el aporte más potente: que en Pehuajó se gestó un proyecto que une investigación, teatro y comunidad que hoy suscita interés desde distintos lugares del país y del mundo. Ya hay personas tomando formaciones en Neuroclown® a través de nuestra plataforma online. La idea es construir comunidad y conocimiento, seguir sembrando.

—¿Cuáles son, para vos, los grandes desafíos en salud mental hoy?

Me enoja profundamente la mercantilización de la salud mental, que la convierte en tips de productividad o frases de autoayuda. La vulnerabilidad se patologiza, el dolor se tapa, la sensibilidad se vuelve un defecto. Cada vez más personas llegan a los consultorios convencidas de que “hay algo en ellas que está mal y debe corregirse”, cuando en realidad es el contexto el que enferma. Intentar ser sujeto en un mundo que nos exige ser productos en serie es mutilante. ¿Cómo encajan todas las subjetividades en un único ideal de éxito, felicidad, cuerpo, amor o familia? Cuanto más intentamos encajar, más nos alejamos de nosotros mismos. Cualquier signo de humanidad —cansancio, ansiedad, necesidad de compañía— parece dejarnos fuera de carrera. Nos enseñaron que ser humanos es un obstáculo para “tener éxito”. Pero eso no es éxito… “las caretas” pesan mucho, desde la neurociencia sabemos que un cuerpo en amenaza constante no puede sostener proyectos ni vínculos. Desde la clínica vemos personas agotadas de fingir que están bien, sobreviviendo en un entorno que no tolera lo que no puede controlar.

Las nuevas generaciones están creciendo creyendo que sentir es un error, que hay que corregirse para merecer amor.

—¿Qué es lo que te preocupa de las nuevas generaciones?

Que estamos perdiendo artistas, creadorxs, cuerpos sensibles y valientes, los mismos que podrían transformar el mundo que los adultos seguimos quebrando.

Los modelos de éxito están aniquilando su salud mental. Y lo paradójico es que, aun en los contextos donde existen —en el mejor de los casos— posibilidades económicas y acceso a bienes materiales, la juventud carece de los recursos psicológicos y emocionales fundamentales para sostener su vida, como habilidades de regulación emocional, autocompasión, capacidad de construir vínculos saludables y de dar sentido a sus proyectos. Estamos criando a nuestros hijos con más objetos que nunca pero sin modelos identitarios y con escasas herramientas para atravesar el dolor, sostener la incertidumbre, y habitar la vulnerabilidad que implica, básicamente, el hecho de estar vivos. Así como estamos destruyendo el planeta, también estamos destruyendo la salud mental como territorio de futuro. Ojalá podamos dejar de encajar en moldes vacíos y elegir lo que importa, aunque incomode, aunque tiemble, aunque no se aplauda. Porque ahí empieza la verdadera salud mental y yo siento que radica lo mejor que podemos enseñarles a los que amamos: a crear su propia, rara y maravillosa forma de vivir con dignidad.

—¿Qué crees que sucedió en el público con tu paso por Psicología al Sur?

Espero que el público se haya ido con la certeza de que fallar, cansarse o mostrarse frágil no es motivo de vergüenza, porque todo eso es parte de lo que nos hace humanos. El problema no está en no llegar, sino en un modelo que insiste en que seamos máquinas. La salud mental no existe sin contexto, y ese contexto no es algo externo: lo tejemos entre todos, en cada vínculo, en cada mirada, en cada espacio donde nos animamos a ser genuinos. El dolor muchas veces nos empuja a buscar salidas mágicas, y lo comprendo, porque todos necesitamos algo en qué sostenernos. Pero lo que más deseo transmitir es que existe una magia muy real y cercana, la de nuestras acciones compartidas. Ahí está el corazón de mi trabajo: en recordar que nuestra fragilidad no es un defecto, sino el punto de partida para encontrarnos, cuidarnos y crear juntos otras formas de vivir.

Agradecimientos

A Facundo Calvo, Josefina Mainardi y Neuroclass, por confiar en este camino desde el inicio; a mi directora de tesis, Paula Salamone, por guiarme con rigor y ternura; a mis pacientes, que con su coraje y sensibilidad me recuerdan cada día que la salud mental no es teoría sino vida compartida; a mi familia y, sobre todo, a mis alumnas y la comunidad de Pehuajó, porque sin Pehuajó que me impulsó a crecer y me enseñó a enorgullecerme de quién soy, nada de esto sería hoy una realidad.

ORIGEN NOTA: https://prensa-pienso-juego-existo/nota-lujanreggi-page/fracasar-como-acto-de-resistencia-lujan-reggi-vuelve-al-konex-con-ciencia-clown-y-ternura-politica

Después de la charla “Fracasar como acto de resistencia” en el Festival Psicología al Sur,

invitaron a Luján al Living del evento para una entrevista breve y profunda.

¿Qué le aporta Neuroclown a la psicología basada en la evidencia?

Por Ayelen Perez

3/10/2025

—¿Qué le aporta Neuroclown a la psicología basada en la evidencia?

Hoy hablamos mucho de psicología basada en la evidencia, y eso significa algo muy concreto: que nuestras intervenciones deben tener respaldo empírico, estar validadas en estudios y demostrar que funcionan. Y eso es fundamental. El punto es que muchas veces la psicología se queda atrapada en formatos muy acotados: consultorio, protocolos, evaluaciones. Eso está bien, pero deja por fuera una dimensión clave de lo humano: la experiencia compartida, el cuerpo en acción y el juego como forma de aprendizaje.

Ahí entra Neuroclown. Lo que propongo es expandir el campo de la psicología basada en evidencia hacia prácticas vivenciales y comunitarias. No es reemplazar las terapias, sino enriquecerlas. Por ejemplo: la Terapia de Aceptación y Compromiso nos habla de flexibilidad psicológica, de aceptar la vulnerabilidad, de actuar desde los valores. Neuroclown lo entrena en la práctica: cuando alguien improvisa, se equivoca, pide ayuda y se ríe de sí mismo, está vivenciando defusión cognitiva, aceptación y acción comprometida, solo que de una manera lúdica y encarnada.

Además, la neurociencia muestra que el aprendizaje y la regulación emocional son más efectivos cuando se activan emoción, cuerpo y vínculo. Antonio Damasio habló de los marcadores somáticos y Francisco Mora insiste en que solo se aprende lo que se ama. El clown trabaja exactamente ahí: emoción, vínculo y memoria significativa.

Entonces, lo que aporta Neuroclown a la psicología basada en la evidencia es un modo de operacionalizar conceptos científicos en entrenamientos corporales y colectivos. Es transformar teoría en experiencia. En vez de explicar qué es regular una emoción, lo hacemos juntos en un juego; en vez de hablar de autocompasión, entrenamos reírnos de nuestras torpezas. Eso no solo potencia la adherencia y la comprensión, sino que también abre la puerta a que la psicología se viva más allá del consultorio, en escuelas, comunidades y espacios culturales.

Creo que la psicología del futuro necesita esto: no abandonar la evidencia, sino darle un cuerpo. Y en Neuroclown, la evidencia se convierte en juego compartido, en risa, en ternura. Y eso es tan riguroso como transformador.”

—¿Qué es el Neuroclown y cómo nació la idea?

Neuroclown® es un dispositivo comunitario de salud mental que une lo que parecía imposible de combinar: la neurociencia, la psicología basada en la evidencia y el arte del clown. Nació de una búsqueda personal y académica: yo venía de formarme en psicoterapias cognitivas contemporáneas, mindfulness y filosofía budista, mientras trabajaba como psicóloga y docente de clown. En ese cruce descubrí algo potente: el clown no es solo un recurso escénico, es un entrenamiento vivencial de habilidades psicológicas fundamentales. Improvisar, fracasar con ternura, pedir ayuda, reírse de lo ridículo: todo eso es flexibilidad psicológica en acción, no en teoría.

—¿En qué se diferencia del clown teatral tradicional?

El clown escénico tiene como finalidad el espectáculo: subir a un escenario y compartir una obra. El Neuroclown, en cambio, toma las técnicas del clown como entrenamiento subjetivo y comunitario. No se busca la “gracia” o la “comicidad”, sino lo que ocurre en el proceso: cómo me relaciono con mi error, cómo me muestro vulnerable, cómo coopero con otrxs. Es una práctica que se aleja del show y se acerca al cuidado: no hay espectadores, hay participantes que ponen el cuerpo para explorar juntos qué significa ser humanos.

—¿Por qué es relevante para la psicología basada en la evidencia?

La psicología contemporánea insiste en que nuestras intervenciones deben tener respaldo empírico, estar validadas en estudios y demostrar que funcionan.. Y Neuroclown justamente no va en contra de eso: lo enriquece. En lugar de explicar qué es defusión cognitiva, la entrenamos en un juego absurdo; en lugar de hablar de aceptación, la practicamos al exponernos con ternura; en lugar de describir la acción comprometida, la encarnamos en improvisaciones. Es un laboratorio donde la teoría se convierte en experiencia.

Además, la neurociencia confirma que el aprendizaje y la regulación emocional son más efectivos cuando están implicados cuerpo, emoción y vínculo. Antonio Damasio explicó cómo los “marcadores somáticos” guían la toma de decisiones, y Francisco Mora sostiene que solo se aprende lo que se ama. El clown activa esa memoria emocional con humor, ternura y juego.

"Es un entrenamiento de humanidad: un acto poético, político y científico para vivir la salud mental sin caretas.”

—¿Cómo se prepara una sesión de entrenamiento de Neuroclown?

Una sesión comienza siempre con una entrada en calor corporal: despertar el cuerpo, la respiración, la atención al presente. Luego vienen juegos individuales y grupales diseñados para trabajar funciones psicológicas concretas: regulación emocional, flexibilidad cognitiva, cooperación, autocompasión. Cada propuesta está pensada como un microentrenamiento de salud mental. Por ejemplo: un juego en el que se exagera un error sirve para entrenar defusión cognitiva y autocompasión; otro en el que se improvisa con el “sí” fortalece la apertura a la experiencia. El cierre es reflexivo, porque lo vivido se comparte y se transforma en aprendizaje colectivo.

—¿Qué aporta a la salud mental en términos comunitarios?

La salud mental no es solo un problema individual ni se reduce a un diagnóstico. En Latinoamérica lo sabemos: la vida está atravesada por mandatos, desigualdades y precariedades que enferman. Neuroclown ofrece un espacio donde la vulnerabilidad no es déficit sino potencia, donde reírse juntos del fracaso es una forma de resistencia cultural. Es contracultural porque nos devuelve al cuerpo y al vínculo en un mundo que exige rendimiento y éxito individual.

—¿Qué experiencias concretas se han desarrollado hasta ahora?

En Pehuajó funciona desde 2019 el primer neurolaboratorio payaso Pienso, Juego, Existo, donde grupos entrenan juego y cuidado mutuo. También se han diseñado talleres para docentes, integrando neuroeducación y apego, y propuestas escénicas como Psiclownlogía, Entre Amigas y Clown de Novela. Estas obras no solo hacen reír: son dispositivos de psicoeducación que critican los mandatos de género, la cultura del rendimiento y los mitos del amor romántico, mostrando que el arte también es salud mental.

—¿Cómo dialoga Neuroclown con la investigación académica?

Actualmente forma parte de mi tesis doctoral en Psicología con orientación en Neurociencia Cognitiva Aplicada (Universidad Maimónides). El proyecto Mente sana, nariz roja compara entrenamiento en clown, mindfulness y un grupo control, evaluando variables como regulación emocional, percepción del self, interocepción y funciones ejecutivas. Está aprobado por el Comité de Ética de la Facultad de Psicología de la UBA, lo cual asegura su validez científica y académica. La idea es que los resultados permitan fundamentar con evidencia lo que ya observamos en la práctica: que entrenar clown tiene beneficios concretos para la salud mental.

—El humor parece ser un eje clave en tu propuesta. ¿Qué rol juega?

El humor, en Neuroclown, no es evasión ni frivolidad: es pensamiento crítico. A través del humor podemos cuestionar lo que parece incuestionable. En nuestras obras y entrenamientos nos reímos de los mandatos culturales —del amor romántico, de los roles de género, de la obsesión por la productividad— porque sabemos que muchas veces ahí radica el sufrimiento. Y la risa colectiva no solo libera: también enseña. Nos permite ver desde otra perspectiva, compartir la vulnerabilidad y crear vínculos de ternura y cuidado.

Por eso digo que no hay salud mental sin arte, sin filosofía y sin perspectiva crítica. Y en mi experiencia, las mujeres que me han acompañado como maestras y colegas me lo han mostrado siempre: que una mirada amorosa puede transformar más que cualquier técnica.

—En épocas de inteligencia artificial, ¿qué lugar ocupa Neuroclown?

Un lugar radicalmente humano. Podemos tener todas las máquinas del mundo, pero nada reemplaza un cuerpo que tiembla, una mirada que acompaña o una risa compartida. Neuroclown no compite con la IA: la complementa, porque nos recuerda lo que ninguna tecnología puede ofrecer.

—Si tuvieras que resumir Neuroclown en una frase…

Diría: “Es un entrenamiento de humanidad: un acto poético, político y científico para vivir la salud mental sin caretas.”

ORIGEN NOTA: https://prensa-pienso-juego-existo/nota-lujanreggi-page/que-es-neuroclown

“Mi pasión por el clown

y la salud mental me motiva a seguir estudiando e investigando

para desarrollar proyectos

que integren ciencia, arte

y filosofía para vivir mejor"

DIARIO NOTICIAS PEHUAJÓ

AÑO 2022

“Clown para educadores 2023”

en Pehuajó.

María Luján Reggi,

Lic. en Psicología

y Prof. de teatro

y clown, desarrolla la propuesta

“Pienso, juego, existo”

DIARIO NOTICIAS PEHUAJÓ

AÑO 2023

“Psiclownlogía®" se presentó

en el Primer Festival de

Psicología del Río de la Plata

en el “Ciudad Cultural Konex”

Lujan Reggi

nos cuenta detalles.

DIARIO NOTICIAS PEHUAJÓ

AÑO 2024

SUSCRIPCIÓN

RECIBÍ DE REGALO MI EBOOK

"LO QUE LLAMÁS ERROR PUEDE SER TU JOYA OCULTA"

y muchas sorpresas más.

(revisá luego tu casilla en PROMOCIONES)

LUJÁN REGGI

Luján Reggi es psicóloga, actriz, docente, clown e investigadora.

Especialista en terapias cognitivas contemporáneas, psicología budista y mindfulness, lleva más de quince años integrando el arte del clown con los aportes de la neurociencia y la psicología basada en evidencia, con un propósito claro: promover el bienestar emocional, la autenticidad y la conexión humana.

Desde su formación teatral, su recorrido clínico y su vocación pedagógica, ha desarrollado propuestas originales como Neuroclown®️, Clownfulness®️ y Psiclownlogía®️: enfoques que entrelazan juego, ciencia, filosofía y ternura para acompañar procesos personales y colectivos de transformación real.

Es también creadora de la primera escuela-neurolaboratorio payaso, “Pienso, Juego, Existo®️”, un espacio donde se investiga la escena y se desarrolla ciencia, al tiempo que se gestan producciones escénicas con propósito social: obras, intervenciones y dispositivos artísticos creados para promover salud mental en la comunidad, visibilizar lo que incomoda y sembrar preguntas vivas.

Allí se entrenan la mente, el cuerpo y la sensibilidad como caminos para vivir, educar y acompañar desde un paradigma más humano, lúdico y consciente. Una escuela donde el error no se corrige: se celebra. Donde el pensamiento crítico convive con la risa, y la práctica encarnada se vuelve acto político y poético.

Actualmente realiza su doctorado en Psicología con orientación en Neurociencia Cognitiva Aplicada, investigando el impacto del entrenamiento clown en la salud mental y el desarrollo humano.

Cree profundamente que no hay salud sin salud mental, y que habitar el error, abrazar lo torpe y reírse de lo solemne son actos profundamente revolucionarios en una cultura que nos empuja a fingir.

Dicta talleres, conferencias y formaciones en Argentina y otros países, donde acompaña a educadores, artistas, terapeutas y personas curiosas a liberar su voz, su cuerpo y su deseo de vivir con más verdad, coraje y sentido.

Transformá tu forma de estar en el mundo

NEUROCLOWN®

(curso online)

CLOWNTERAPIA®

(ebook + master class)

ENTENDER LA ANSIEDAD

(ebook + taller online)

LUJÁN REGGI

Lic. en Psicología • M.P. N° 5463

Pienso, Juego, Existo